A veces me dan ganas de enviarte mensajes de texto, pero siempre me rindo. Y lo gracioso es que una parte de mí me dice que tengo razón en no enviar nada, pero la otra parte lo quiere sobre todo cuando estoy de mal humor o cuando pasa algo malo, debe ser porque siempre estuviste ahí para ayudarme, te extraño desde cuando te inventabas mil y un razones para hacerme sonreír y verme bien. Estaba tan convencida de que no solo éramos sino que siempre seríamos el uno para el otro. Realmente creí que nuestro amor era real, genuino, indestructible, pero hoy veo que fue tan inestable, tan frágil, hay tantas muchas controversias en el amor. Y hoy todo es tan extraño, todo es tan diferente. Yo ni imaginaba que llegaríamos a ese punto. Hasta el punto de no hablarse por el día, hasta el punto de ser dos extraños en el mismo hogar.
Seguen Oríah | Muchos recuerdos
“Conservar el fuego desde que fue inventado.
En eso consiste, cada día,
esta tarea de vivir.”
Begoña Abad.
Despedida de un paisaje
No le reprocho a la primavera
que llegue de nuevo.
No me quejo de que cumpla
como todos los años
con sus obligaciones.
Comprendo que mi tristeza
no frenará la hierba.
Si los tallos vacilan
será sólo por el viento.
No me causa dolor
que los sotos de alisos
recuperen su murmullo.
Me doy por enterada
de que, como si vivieras,
la orilla de cierto lago
es tan bella como era.
No le guardo rencor
a la vista por la vista
de una bahía deslumbrante.
Puedo incluso imaginarme
que otros, no nosotros,
estén sentados ahora mismo
sobre el abedul derribado.
Respeto su derecho
a reír, a susurrar
y a quedarse felices en silencio.
Supongo incluso
que los une el amor
y que él la abraza a ella
con brazos llenos de vida.
Algo nuevo, como un trino,
comienza a gorgotear entre los juncos.
Sinceramente les deseo
que lo escuchen.
No exijo ningún cambio
de las olas a la orilla,
ligeras o perezosas,
pero nunca obedientes.
Nada le pido
a las aguas junto al bosque,
a veces esmeralda,
a veces zafiro,
a veces negras.
Una cosa no acepto.
Volver a ese lugar.
Renuncio al privilegio
de la presencia.
Te he sobrevivido suficiente
como para recordar desde lejos.
- Wislawa Szymborska
“Me hubiera gustado conocerte cuando vestía uniforme escolar, cuando tenía pecas en las mejillas y usaba fleco. Me hubiera gustado conocerte cuando aún no me dolía la vida. Me hubiera gustado conocerte en Vallarta con mi bikini azul, bronceada, con el pelo enredado y el alma libre de rasguños o en Guanajuato, en alguna callecita angosta y empedrada y haber compartido un café de olla contigo. Me hubiera gustado conocerte en las calles del barrio donde crecí, esas calles que me vieron pasar y que conocen mi sonrisa auténtica. Me hubiera gustado conocerte ayer. Me hubiera gustado conocerte mejor. Me hubiera gustado conocerte…”— Coos
(via fruta-y-menta)